EL ASPECTO FEMENINO

Todas las formas están dadas por la acción de la Gran Madre inmanifestada como así todas las energías están asociadas al Gran Padre inmanifestado. Para la vida las formas son tan necesarias como el agua lo es para todos los seres vivos, pero el agua atrapada en un estanque o en un recipiente aunque este sea de oro o de plata termina descomponiéndose. La energía primordial finalmente necesita liberarse de la forma, necesita seguir avanzando como la forma necesita ser el receptáculo de ese movimiento perpetuo.
Todos los rituales iniciáticos comparten un retorno a la matriz, un regreso al gran útero de la naturaleza y constituyen esas aventuras las pruebas iniciáticas. A consecuencia de estos valerosos actos el héroe o iniciado adquiere un nuevo modo de ser, un nuevo nacimiento propiamente místico, de un orden totalmente nuevo.
El simbolismo arquetípico del héroe en el vientre de la ballena es ampliamente conocido. El principal acto del aventurero o guerrero es usualmente encender una fogata con sus pedazos de madera en el interior del animal o el monstruo, causando así la muerte de la ballena y su propia liberación. También puede ser el descenso a la madre tierra a través de una gruta y su posterior descenso por la caverna, siempre guiado por un fuego, una luz que le permite entrar y salir victorioso. El encender un fuego de esta manera es evidentemente una referencia al principio de la generación, a la sexualidad. El proceso que anteriormente explicábamos quizás es más fácil de entender en el acto cristiano cuando el agua del cáliz es fructificada con el fuego masculino del Espíritu Santo. La copa sagrada que representa fielmente al órgano femenino, al vacío de los taoístas donde la energía penetra y da vida a la forma, la cruz que es la intersección de dos fuerzas, todas referencias al acto primordial que se reviste de carácter sexual sagrado. La idea fundamental que subsiste en nuestro inconsciente es que para acceder a un modo superior de existencia debemos repetir los ciclos de la naturaleza y estos son: muerte, gestación y nacimiento.  
Cuenta la leyenda que la primera mujer creada fue Pandora. Fue hecha en el cielo y todos los dioses contribuyeron en algo para perfeccionarla. Afrodita le dio belleza, Hermes la persuasión, Apolo la música. Así equipada, Pandora fue llevada a la Tierra y presentada a Epimeteo que la aceptó feliz. Epimeteo tenía en su casa una habitación donde guardaba algunos objetos que no había alcanzado a repartir por la Tierra. Entre ellos una caja. Poco a poco fue creciendo en Pandora una gran curiosidad por conocer el contenido de dicha caja; finalmente, un día quebró el sello y abrió la tapa para mirar dentro. Pero en ese mismo momento escaparon de la caja una multitud de plagas para atormentar a los hombres, como la gota, el reumatismo y los cólicos para el cuerpo, y la envidia, la ira y la venganza para el alma, y estos males se repartieron por todas partes Pandora se apresuró en cerrar la caja, pero ya era tarde, todo el contenido de la caja había escapado. En la Biblia tenemos el mismo esquema con Eva que viviendo en el paraíso fue tentada por comer la manzana del árbol de conocimiento del bien y del mal, ese deseo desencadeno la caída del hombre y lo arrojo fuera del paraíso (mito de sophia). Con todas estas referencia asociar al mal a la mujer es algo que ha sido siempre una característica en las religiones o culturas donde la degeneración e involución se presenta en los ritos, carentes de significados y ausentes de toda energía creadora.
En el árbol de la vida la columna del Rigor está asociada al carácter femenino, ella da forma al espíritu dándole un molde, la forma crea pero también destruye ya que limita al espíritu que es eterno e infinito, a lo temporal y limitado. Este carácter dual del aspecto femenino ha sido asociado en todas las culturas
Es cierto que este aspecto superior e inferior de la naturaleza femenina es la de provocar y de templar su complemento masculino. La energía deberá ser atraída hacia la forma de alguna manera especial. La naturaleza en su sabiduría le ha dado al aspecto femenino el poder de seducir y de atraer, esa característica es intrínsecamente femenina, sin esta cualidad la vida sería imposible en la forma que la conocemos.
También vale reconocer el aspecto terrible de la naturaleza en el relato de la casta Diana cuando fue molestada por el joven cazador Acteón mientras se bañaban en las aguas del lago (símbolo de las energías sexuales). Cuenta la leyenda que el joven varón entró en el agradable refugio y sorprendió a la Diosa y a sus ninfas mientras tomaban su baño, esta se encontraba indefensa sin su arco, entonces tomó lo que tenía más a la mano, que era agua, y la echo en la cara de Acteón (puede verse en este acto a las fuerzas femeninas seduciendo al macho). Luego de eso al pobre Acteón le salieron astas en la cabeza (en muchas culturas el símbolo de los cuernos representa al macho cabrío, Lucifer, la lujuria desencadenada). Su cuello se volvió grueso y largo, las puntas de sus orejas se afilaron. Los brazos se convirtieron en patas, y las manos y los pies en cascos. Aterrorizado, huyó, y se maravilló de poder mo­verse con tanta rapidez. Pero cuando se detuvo para tomar aliento y beber y vio su figura reflejada en una fuente transparente se hizo atrás y quedó estupefacto. Un terrible destino cayó sobre Acteón. Sus propios mas­tines olfatearon al gran ciervo y acudieron aullando por el bosque. Lo si­guieron y gradualmente lo alcanzaron. Cayó y sus pro­pios compañeros de caza, azuzando a los perros, llegaron a tiempo para rematarlo.
Otra versión la podemos ver en los libros tántricos de la india medieval que nos cuenta que la morada de la Diosa Madre se llama “La Isla de las Joyas”. Su carruaje y su trono están allí, en un bosque de árboles que conceden deseos. Las playas de la isla son de arenas doradas. La diosa es roja por el fuego de la vida; la Tierra, el sistema solar, las galaxias de los espacios mayores, están dentro de su vientre. Porque ella es la creadora del mundo, siempre madre y siempre virgen. Ella circunda a lo circundante, nutre a los que ali­mentan y es la vida de todo lo que vive. También es la muerte de todo lo que muere. Todo el proceso de la existencia queda comprendido dentro de su poder, desde el nacimiento, la adolescencia, la madurez, la ancianidad y la tumba.
Así en profundo silencio podemos contemplar las dos formas de la Bendita Madre que son el aspecto superior e inferior. La que redime en su aspecto positivo y la que tienta en su aspecto negativo. El héroe es el que llega a conocer y comprender estos dos aspectos fundamentales de la naturaleza. Mientras progresa en la lenta ini­ciación que es la vida, la forma de la diosa adopta para él una serie de transformaciones; nunca puede ser mayor que él mismo, pero siempre puede prometer más de lo que él es capaz de comprender. Ella lo atrae, lo guía, lo incita a romper sus trabas. La mujer es la guía a la cima subli­me de la aventura sensorial. Los ojos deficientes la redu­cen a estados inferiores; el ojo malvado de la ignorancia la empuja a la banalidad y a la fealdad. Pero es redimida por los ojos del entendimiento. El héroe que puede tomarla como es, sin reacciones indebidas, con la seguridad y la bondad que ella requiere, es potencialmente el rey, el dios encarnado, en la creación del mundo de ella.
Finalmente podemos decir que ella es el complemento ineludible del héroe mismo. Si la estatura de él es la de monarca del mundo, ella es el mundo, y si él es un guerrero, ella es la fama. Ella es la imagen del destino que él debe sacar de la prisión de la circunstancia que lo envuelve. Porque sin su guía ningún esfuerzo de su parte vencerá los obstáculos que ella presente.
LA UNIDAD
Antiguas escrituras señalan, con suficiente acierto, que el camino de la iniciación es un camino interno que conduce a la unidad de la criatura con el creador. Esa unión es reconocida por los cabalistas en la esfera de Daath que es considerada la puerta de entrada al paraíso. Dicen arcaicas tradiciones que debajo de la sephira oculta en el árbol de la vida todo es división y dualidad, mientras que arriba de Daath es la unidad y armonía de los opuestos.
En la Biblia leemos: Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó y los creó macho y hembra (Génesis). Puede surgir en la mente la cuestión relativa a la naturaleza de la ima­gen de Dios; pero la respuesta ya está dada en el texto y es suficientemente clara. Otro pasaje del Génesis comentado en un Midrash dice: Cuando el Todopoderoso, bendito sea, creó el primer hombre, lo creó andrógino (Midrash, comentario al Génesis, Rabbah 8:1).
El haber dado a lo femenino otra forma simboliza la caída de la perfección a la dualidad y a ello siguió naturalmente el des­cubrimiento de la alternancia entre el bien y el mal, el exilio del jardín donde Dios pasea sobre la tierra y de allí la cons­trucción del muro del Paraíso, constituido de la “unión de los contrarios”,  por medio de la cual el Hombre (ahora hombre y mujer) se ha separado no sólo de la visión sino del recuerdo de la imagen de Dios. Es bueno también recordar que ese acto de separar, de dividir a la unidad fue realizado cuando el hombre dormía y que de una parte de él se necesito para crear la dualidad.
En otras culturas y religiones encontramos lo mismo por ejemplo: Shiva aparece unido en un mismo cuerpo con Shakti, su esposa (él a la derecha, ella a la izquierda, esta posición se corresponde a las columnas del árbol de la vida) en la manifestación conocida como Ardhanarisha, “El Señor Mitad Mujer”.
En China y en Japón, el Bodhisattva Avalokiteswara gentilmente su­blime por ser el Budha de la compasión no sólo está representado en forma masculina, sino también en forma femenina. Kwan Yin en China, Kwannon en Japón.
Las enseñanzas cabalísticas de los judíos medievales, como también los es­critos de los cristianos gnósticos del siglo II, representan el Verbo Encarnado como andrógino, que era por supuesto el estado de Adán cuando fue creado, antes de que al as­pecto femenino, Eva, se le diera otra forma. Y entre los griegos, no sólo Hermafrodito (el hijo de Hermes y Afrodita), sino también Eros, la divinidad del amor, (el primero de los dioses, de acuerdo con Platón en su libro El Banquete) tenía sexo masculino y sexo femenino.
Así el héroe o iniciado comienza desde un mundo divido, fragmentado por la lucha incesante de los opuestos que lo agitan desde un extremo a otro. Debe pasar por la muerte y las pruebas, debe penetrar en el vientre de la gran madre allí donde el tiempo y el espacio quedan momentáneamente abolidos. Debe permanecer en un tiempo sin tiempo, ni vivo ni muerto, alejado del mundo y de los hombres. Está solo como vino al mundo, solo con el aspecto femenino y al cual deberá entregarse al final de sus días. En ese mundo representa el lenguaje de las figuras divinas, represente el arquetipo del Hombre, por lo tanto la vida, engendrada por el padre, está compuesta de la oscuridad de ella y de la luz que solo puede provenir de su conciencia. Y cuando esta ilumina la caverna de los misterios la figura del padre invisible y que todo lo penetras se revela por el entendimiento y los velos de la Divina Madre caen por su bendita presencia.
En la naturaleza de la concepción y alumbramiento de cada ser se nos revela los mismos misterios porque todos nosotros somos concebidos en nuestra madre y ciertamente desconocemos al padre hasta que pasamos del vientre materno a la vida, entonces la figura del padre se hace presente para cada uno de nosotros.
Para el neófito la Diosa Universal hace su aparición ante los hombres bajo una multitud de disfrace, pues los efectos de la creación son múltiples y complejos, llenos de forma que en su apariencia fenomenológica son opuestas y contradictorias entre sí.
Veamos sino algunos mitos que se corresponde con lo expuesto. En la leyenda de Devi Kundalini encontramos lo siguiente: La diosa del fuego serpentino espinal, se aburrió de estar en el cielo y decidió visitar la Tierra que había sido creada en el océano del espacio (es posible reconocer el paralelismo con el mito de Shopia). Descendió por una escala (en el hombre esotéricamente corresponde a la espina dorsal) y encontró una isla en el Mar de Meru, rodeada por las montañas de la Eternidad. Todo ello se encontraba dentro del huevo de Brama, la matriz de Matripadma. Tras explorar la isla, Kundalini volvió a ascender por la escala, pero descubrió que la habían cortado. La isla quedó a la deriva en el espacio, y la asustada Kundalini se ocultó en una gruta, donde permanece enroscada como una cobra en un cesto (esotéricamente en el chakra Muladhara), del cual sólo puede ser extraída con tres misteriosas notas de la flauta del encantador (el Cristo, el Buda, el iniciado).
Desde un aspecto distinto pero con las mismas connotaciones simbólicas podemos comprobar los mismos tópicos en la leyenda del Minotauro. Se cuenta que el gran Rey Minos, rey de la isla de Creta, contrató al celebrado arquitecto Dédalo para que inventara y construyera un laberinto con el objeto de es­conder en él algo de lo cual el palacio estaba al tiempo avergonzado y temeroso. Porque en la historia figura que un monstruo había nacido en el palacio Real y esto era a causa de la Reina Pasifae que había sentido un irrefrenable pasión por un magnifico toro blanco como la nieve y nacido en las profundidades del mar.
En este punto es imposible no hacer paralelismo con el mito de Sophia, la Madre generadora y creadora del mundo material que por su deseo de conocer y comprender al Ser Absoluto produjo un desequilibrio. Este deseo produjo la unión con el abismo (también aquí podemos ver reflejada la caída de todas las deidades femeninas, desde Eva hasta Devi Kundalini) entonces el Eón femenino es expulsado del Pleroma o Paraíso y precipitado al caos y es así que este Eón genera el mundo material. También este desequilibrio es mencionado en la formación del cosmos en las tres Gunas o modalidades de la naturaleza.
Finalmente de esta unión de la reina con este magnífico toro  (La figura del Toro era un símbolo que se le atribuía a Zeus Padre de todos los dioses y que vivía en el Olimpo, también atribuida a la energía sexual de allí al signo del macho cabrio que queda como reminiscencia de esos mitos) dio a la luz  un monstruo, el cual, al paso del tiempo, empezó a convertirse en un peligro. La solución para ello fue la construcción de un intricado laberinto donde poder esconder aquel ser.
Tan perfecta fue la invención que Dédalo mismo, cuando la hubo terminado, difícilmente pudo regresar a la entrada (nuevamente tenemos aquí el mito de la salida del paraíso cuya entrada esta oculta para el profano). Allí se encerró al Minotauro y desde entonces fue alimentado con mancebos y doncellas vivos sin poder escapar de su terrible destino.
El simbolismo del laberinto es claro ya que el iniciado debe reconocerse estar perdido en el laberinto de la materia, en el mundo de la ilusión, y solo aquellos que se preguntan por la graciosa virgen Ariadna, están llamados a escuchar su voz y poder volver a la libertad. Recordemos que Ariadna era la hija del rey Minos y Pasifae, y se enamoro del hermoso héroe Teseo cuando lo vio desembarcar del bote (claro significado de las aguas de la vida) que habían traído para alimentar al minotauro, a esa bestia que era producto del aspecto femenino infernal. Encontró la manera de hablar con él y le dijo que le daría los medios de salir del laberinto si le prometía llevársela de Creta y hacerla su esposa (la madre que luego se convertirá en esposa en las Bodas Alquímicas). Él lo prometió que lo haría pues se había enamorado con solo verla. Entonces Ariadna pidió ayuda al hábil Dédalo, por cuyo arte el laberinto había sido construido. Dédalo le dio sencillamente un ovillo de hilo de lino, el cual debería ser amarrado a la entrada por el héroe ex­tranjero y desenrollado conforme avanzara (otra referencia al delgado y delicado sendero de la iniciación).
Es así que el héroe penetra en el laberinto o caverna, en el vientre materno, quizás con un hilo dado por dédalo o por la pequeña llama de su conciencia, debe encontrar y destruir al dragón o minotauro, debe vencer a la tentación y perder toda ilusión de vivir, debe pasar por las diferentes pruebas, los cuatros elementos, la prueba de Direne, todas ellas fortaleciendo su voluntad y humildad. En cierto sentido la acción del héroe o del iniciado repite o rememora los mismos arquetipos primordiales, es una repetición mítica que actualiza el momento de la creación. Sus acciones son eternas porque han sido y serán la fuerza que mantiene sin cesar al mundo y uniendo el momento actual al del instante auroral de los comienzos.
Regreso al instante de la creación (momento sagrado) que afirma la idea de la perfección inmaculada, nutrida por el recuerdo imaginario de un paraíso perdido, de un lugar y un tiempo donde el amor y la felicidad precedían a la actual condición humana. Es importante hacer notar que ese esquema mítico se repite en forma constante en cualquier existencia humana. Así vemos que el escenario del ritual del Año Nuevo ha desempeñado un papel tan importante en la historia de la humanidad como también los rituales de nacimiento o de muerte.
Este concepto forma en la mente del hombre la imagen del círculo que representa al tiempo y que está llena de un simbolismo cósmico-vital que implica el alejamiento progresivo de los orígenes y, por lo tanto, la perdida de la perfección inicial. También este círculo con su aspecto positivo y negativo es la proyección de la dualidad en el universo manifestado, la unidad que se desdobla y se multiplica, degradándose hacia el abismo y alejándose así del paraíso o nirvana.
Pero el héroe o iniciado que avanza en este sendero y que alcanza primeramente la esfera de Yesod (esta esfera simboliza la pureza de la niñez, es decir sus virtudes) y luego por su colosal sacrificio hacia todos los seres vivos accede a Tipheret (los símbolos más conocidos son la crucifixión, el desmembramiento del héroe o iniciado, la muerte y su posterior resurrección) se convierte el mismo en el Templo Viviente de Dios. Sus actos ya no imitan sino que son el modelo arquetípico a seguir y con ello se abre una nueva era, una nueva construcción cuyas bases sólidas son las antiguas tradiciones. Y así el héroe o iniciado se sitúa en el centro del mundo, en el medio del infinito y la eternidad. Por ello su lugar se encuentra en el centro del pilar del árbol de la vida, en el medio de los cuatros mundos de los cabalistas.
Y así como los Dioses antiguos no mueren sino que se transforman en el Dios moderno, los héroes o iniciados transmutan sus hazañas y sus sacrificios para que continuamente renueven al mundo y puedan llevar su luz a los hombres. En este contexto toda iniciación es un avance de los seres vivos, un paso más cerca a la fuente primordial de vida, un acercamiento al estado de pureza y perfección, una visión más profunda de nuestra verdadera naturaleza y por ende de Dios, es también el recuerdo que aquello que habíamos olvidado, el despertar de un profundo sueño, la puerta que une el microcosmos hombre con el eterno e infinito macrocosmos.

 
         
         
 

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