LAS TRES ETAPAS
Tanto en las mitologías como en las religiones el caos está asociado a las tinieblas, y la creación y su posterior orden a la luz. Uno es el aspecto de sueño y muerte como los dos hermanos gemelos Hypnos y Thanatos de la mitología griega. El otro es el aspecto de la creación, de la vida y del verdadero despertar. Por lo tanto se comprende que la acción del despertar tenga una profunda significación esotérica, sino veamos estos ejemplos: El héroe mesopotámico Gilgamesh va en busca de la tan ansiada inmortalidad, finalmente llega a la isla del antepasado mítico Ut Napishtin. Allí debe velar durante seis días y seis noches pero no logra pasar esta prueba iniciática y pierde la oportunidad de ser inmortal. En un mito de los indios americanos encontramos que un hombre que acaba de perder a su amada logra descender a los infiernos y volverla a encontrar. El señor de los infiernos le concede la gracia de poder regresar con ella pero con la condición de velar toda una noche. Pero el hombre precisamente se duerme antes del alba. En los evangelios encontramos el mismo sentido cuando Jesús les pide a sus discípulos en la noche de Getsemaní que permanezcan despiertos y recen. Se ve, pues, que no dormir no es únicamente triunfar de la fatiga física sino, ante todo, dar prueba de una fuerza espiritual, de aquel que tiene el poder de regenerarse así mismo. Permanecer despierto es estar plenamente consciente de esa energía renovadora que es la vida en movimiento.
También en el budismo encontramos el sentido del hombre despierto o consciente que ha nacido como el ave fénix de entre sus propias cenizas o como la flor de loto. Reconoce al mundo como un sueño de dolor y desesperación (Dukkha), que son simplemente las fuerzas oscuras de la naturaleza y que operan sabiamente conduciéndolo a una inexorablemente transformación que tarde o temprano sucederá. Grande o pequeña, sin que tenga importancia el estado o el grado de la vida, la llamada levanta siempre el velo que cubre un misterio de transfiguración; un rito, un momento, un paso espiritual que cuando se completa es el equivalente de una muerte y de un renacimiento.
Estas ocultas ondulaciones en la superficie de la vida son producidas por fuentes de energías tan poderosas que solo pueden provenir de ese lugar que los Cabalistas llamaron el Ain o no ser, el semillero de los universos. Estas fuerzas moldean constantemente a la energía dando las millones de formas espirituales, mentales como físicas y producen las diez esferas del árbol de la vida. En los cuentos el receptáculo de las tinieblas o del caos es generalmente aquello que debemos vencer, puede ser una bestia terrorífica, un enemigo cruel y despiadado, la ignorancia, lo desconocido, el dolor o la enfermedad, la degeneración y degradación, la corrupción o la propia esclavitud. Las variantes son infinitas y todas ellas representan las fuerzas demiúrgicas del abismo que empujan al hombre común a renovarse para cumplir el ciclo natural de la vida.

LA SOLEDAD Y LA MUERTE

Ya hemos dicho en varias oportunidades que los primeros pasos del iniciado o del héroe mitológico es el andar entre la muerte, la doctrina de la senda de la navaja, habla que el primer factor de la revolución de la conciencia, es la muerte. El héroe se interna entonces por regiones desconocidas que pueden ser desiertos, bosques oscuros, mares profundos, tierras extrañas, las entrañas de la tierra, allí comienza su búsqueda alejado de todo aquello que le es conocido y por ende muere para el mundo que lo conoció.
En muchos mitos y leyendas vemos esta secuencia: El héroe irlandés, Finn MacCool, fue tragado por un monstruo de forma indefinida de la especie conocida en el mundo céltico como un peist. La niña alemana, Caperucita Roja, fue tragada por un lobo. Maui, el favorito de la Poli­nesia, fue tragado por su tatarabuela Hine-nui-te-po, Jonás por una ballena. Y todo el panteón griego con la sola excepción de Zeus, fue devo­rado por su padre, Cronos. También estos primeros pasos se los conocen como el paso del umbral, el paso de una vida a otra y para que ello suceda debe haber muerte primero y luego resurrección.
Estas fuerzas son como llamas que purifican el alma del buscador ya que no tiene nada más que perder y todo por conquistar. La promesa de un nuevo orden es intuido por el héroe-iniciado que busca con una pequeña lámpara el camino del mítico retorno. Es la misma imagen de la carta del tarot de la iniciación: El eremita. Un hombre solitario que camina por un desierto de la materia iluminado por una pequeña lámpara que se relaciona con un estado de conciencia dianoética, este hombre ha muerto para el mundo mundano pero tampoco ha renacido para el mundo espiritual, se encuentra en una especie de limbo, de un tiempo muerto que es el mismo tiempo de Jonás en la ballena.
Alegóricamente, pues, la entrada al templo y la zambullida del héroe en la boca de la ballena son aventuras idénticas; ambas denotan, en len­guaje pictórico, el acto que es el centro de la vida, el acto que es la renovación de la vida y su afirmación en la muerte. Es aquí que queda en claro el simbolismo griego de psique, la mariposa que renace de sus propias fuerzas internas. Lo vemos claramente cuando era un simple gusano, un insecto terrenal que luego de entrar en un estado de letargo o de muerte interna, renacía como un insecto alado que podía remontar las alturas del espíritu. El mismo símbolo lo vemos en la flor de loto, y también en el mito de Osiris e Isis (cuando es descuartizado por su hermano Seth y reunidos nuevamente por Isis y Horus), o de Jesús el Cristo, de Buddha y de tantos otros.

 

LAS PRUEBAS
Mientras sucede esa muerte el héroe o iniciado es probado tanto en su pureza como en su inocencia, son muchos los relatos de las aventuras que en todos los cuentos estos personajes deben pasar, desde los trabajos de Hércules hasta las duras pruebas del portador del anillo, el señor Frodo y su compañero Sam. Las cuatro pruebas de los elementos eran impuestas a todos aquellos iniciados antiguos en los templos de misterios tanto egipcios como orientales. Existen una cantidad innumerables de relatos, tantos verídicos como ficticios, sino recordemos las aventuras de los caballeros del rey Arturo, o las de Apolo, y todas ellas nos remiten a la disolución de nuestros agregados sicológicos. Son estas pruebas un examen eficaz para nuestro regreso al estado de inocencia previo a la madurez o del despertar sexual. Tanto Arjuna como Pedro pasan por estas pruebas y aunque el héroe puede salir derrotado en algunas de ellas de cierta manera misteriosa si continua en su andar esta derrotas se convierten en victorias.
Las pruebas son necesarias porque capturan la voluntad del héroe, del iniciado, lo llevan a un estado superior de conciencia al enfrentar sus propios infiernos. La luz nace de la oscuridad y la iluminación solo puede brillar de los seres nacidos de la imperfección, es aquí que el iniciado comprende que este viaje es solitario y que las pruebas más difíciles provienen de su interior.
En la Kabalah se presentan dos caminos al discípulo, el más conocido y utilizado por todos los hombres es el camino relampagueante que da poderes, así vemos como el héroe a través de su búsqueda se va revistiendo de poderes, quizás es una espada única, otras un manto de invisibilidad, el algunos casos el poder de conquistar las voluntades de sus enemigos, otras de engañar con astucias al dragón o a la medusa. El otro camino es el camino recto que sigue el ascenso del pilar del medio o eje del mundo, ese no confiere poderes y esta sabiamente simbolizada por la carta número 9 del tarot egipcio. La soledad, el manto de Apolonio y su luz son sus armas. Es el camino de los santos y redentores del mundo, es el camino de la santificación y de la purificación. Este camino es probatorio en su gran recorrido y las pruebas se suceden unas a otras, el héroe debe cargar con el peso del mundo (Atlas) debe cargar como Jesús su propia cruz y luego de la de sus semejantes, debe pasar por el fuego del dolor y el sufrimiento para ser purificado.
Ese camino no es diferente al que enseñan los budistas, ya que el inicio del camino es el reconocimiento a que la vida es impermanencia y que por esta cualidad de la vida esta deriva en sufrimiento y dolor.
Desde los relatos antiguos hasta los más modernos el héroe debe pasar por estas pruebas, debe ser abandonado por sus seres más queridos, quedar en un punto que es lo mismo la muerte que la vida. Es aquí donde el iniciado ve un atisbo de la gran luz en esa terrible oscuridad, la promesa de la victoria. Esos puntos son recurrentes tanto en los mitos y leyendas de los pueblos antiguos como en los profetas o redentores de las religiones populares y sin ir más lejos las tramas de los cuentos modernos presenta los mismos aspectos, la misma leyenda contada infinitamente veces en forma distinta.

 
         
         
 

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