EL SILENCIO
Texto: Héctor Vázquez

Dice el V.M. Samael: “Si comprendieras la Filosofía Iniciática, la adversidad pasajera no debiera abatirte; la ingratitud y la maldad de los hombres no debiera sorprenderte; olvida las injurias y ten piedad para quien las profiera; el Sabio, refugiado en sus pensamientos, no siente más sus penas, pues encontró la Serenidad.”
Quien encuentra la serenidad es porque ha conseguido dentro de sí mismo el profundo silencio. Aquellos practicantes de la meditación saben lo difícil que es conseguir este vacío, esta ausencia de ruido. Cuántos de nosotros cuando damos nuestros primeros pasos en este arte, observamos atónitos que un millón de pensamientos y de sentimientos nos atacan sin poder refrenar ninguno. Es allí cuando comprendemos que somos un hervidero de pensamientos y emociones, una verdadera murga que baila sin parar ni siquiera un instante.
El silencio es la manifestación de la paz y la serenidad, donde existe el silencio se encuentra la armonía y la belleza. Sin el silencio la música que es expresión del alma no podría manifestarse con perfección.
Quien comienza por controlar su boca para hablar cuando debe y empieza por amar al silencio, se prepara para caminar por el camino de la perfección. El cultivo de la atención solo se puede lograr en el silencio más profundo, estar atento significa estar en perfecto silencio de mente.
Se nos ha hablado del poder de la palabra, pero sabed que este poder radica en su esposa el silencio. Ese vacío que es femenino y que es la base de toda creación, es algo pleno comparable a la libertad infinita y por ello no puede expresarse ni con gestos ni palabras.
Necesitamos del silencio para comprender que toda creación conlleva un sonido particular y que son esos mismos sonidos que realzan la profundidad del silencio.
Si vamos a una montaña o a un bosque, percibimos esa fuente de plenitud que es el silencio y si por un instante escuchamos el sonido de un pájaro, del viento que susurra entre las ramas de los árboles, podemos percibir que en realidad el silencio y las notas de la vida forman un gran canto, maravilloso y profundo canto donde los seres nacemos y morimos.
Participar de esta maravillosa fuente, beber de ella, es sentir que las maravillosas fuerzas de la vida nos renuevan completamente. Es tan así, que cuando vamos a visitar a un enfermo en un hospital, sabemos que no podemos hacer ruidos, hay carteles y los mismos médicos nos advierten de eso.
Comprendemos ahora esa frase que dice que el silencio es salud y no sólo salud física sino mental y emocional.
Para encontrar la serenidad del sabio debemos conquistar con mucho esfuerzo el silencio interior; este divino silencio aporta armonía en los tres planos: mental, astral y físico.
Trabajemos con la armonía y la serenidad, esforcémonos  por conseguir ese vacío que se llenará con la substancia más preciosa. Aquel que busca el silencio demuestra que está dispuesto a escuchar y a obedecer; y son por esos motivos que comprenderá y servirá mejor a sus semejantes.
Quien encuentre el silencio encontrará en su interior la fuerza femenina que es inagotable y eterna, porque siendo profunda llega a todas partes; porque siendo vacía se llena con todo, no quita sino que da, no posee sino que contiene; es la forma de todas las formas, misteriosa y profunda; es en esencia, porque no tiene ni principio ni fin, ni derecha ni izquierda, ni abajo ni arriba.  Enseña a quien quiera aprender y calla a quien no quiere escuchar.
Es tan grande su virtud, que aquel que medita en ella aprende que la calma es movimiento y que la serenidad es acción. Porque una vez conquistado nuestro silencio interior comprenderemos que en él hay amor, dulzura y comprensión. No sólo para nuestros semejantes sino para todos los seres vivos de este universo. Dejad que el silencio transporte nuestras semillas del amor porque ella es desinteresada y la llevará al más necesitado.
Recordad que quien cultiva la soledad y el silencio, está sembrando de bellos árboles su propia alma, y este trabajo sólo se puede hacer durante la meditación. Cuando consigamos eliminar los malos pensamientos y sentimientos vendrá la armonía, entonces la paz y la serenidad podrán instalarse en nosotros para siempre. En esa quietud vigilante estará nuestra conciencia, porque en el silencio profundo la personalidad activa pierde su influencia y nos liberamos de ella.
En este estado de conciencia es que el sabio consigue reponer su equilibrio, su paz interior, porque vaciado de todo contenido y forma, de todo concepto e idea, de toda percepción y sentimiento, vaciado por dentro y por fuera, tan sólo espera ser llenado con la paz, la armonía y la serenidad del espíritu.

                 
 

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